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Archivos Mensuales: noviembre 2012

La OCDE reclama a España un contrato único, subir el IVA y abaratar el despido

Solo unos días después de dibujar un gris escenario para España en 2013, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) ha presentado un informe con las reformas estructurales que cree necesarias para impulsar el empleo, especialmente entre los jóvenes, y mejorar la competitividad de la economía española.

Estas reformas son, en su mayoría, las que propusimos en uno de los debates de clase: contrato único, subir el IVA y abaratar el despido, son algunas de ellas. Parece que no íbamos muy mal en caminados, aunque sí sabíamos que estas medidas eran muy difíciles de adoptar en España, pero claro, sólo era un debate entre alumnos en una clase de economía, no una sugerencia para un Estado. Proponer medidas es fácil, pero ¿cóma las implantamos? Gracias a la OCDE por su aportación, pero sin más indicaciones ni directrices, nosotros mismos podemos realizar su tarea y aconsejar al Gobierno.

Entre otras muchas medidas, la OCDE reclama avanzar hacia el contrato único, reducir las indemnizaciones por despido improcedente, aumentar los productos y servicios que se acogen al tipo general del IVA o rebajar las cotizaciones sociales.

Además, aconseja la eliminación de la jubilación parcial, más control sobre el cobro del paro e implantar impuestos nacionales verdes a productos cuyo consumo eleva las emisiones de CO2, especialmente los carburantes de automoción.

Las razones de la OCDE

La institución destaca que España está inmersa en una prolongada recesión, en la que el impacto negativo del desapalancamiento del sector privado y la necesidad de un considerable ajuste fiscal tras el pinchazo de la burbuja inmobiliaria han disparado el desempleo y han provocado una crisis bancaria, situación agravada por la crisis de deuda de la Eurozona y las rigideces estructurales en el mercado laboral.

En este sentido, recalcó que la posibilidad de una recuperación inmediata sigue siendo remota debido a que el desapalancamiento del sector privado aún tiene un largo camino por delante, mientras la retroalimentación entre finanzas públicas y sector bancario sigue siendo fuerte pese al rescate bancario.

Finanzas públicas

La OCDE ve necesario restaurar la confianza en las finanzas públicas españolas, para lo que el Gobierno debería intentar cumplir los nuevos objetivos de déficit acordados en julio, a menos que el PIB sea mucho peor de lo esperado, situación en la que se debería permitir operar a los estabilizadores automáticos, al menos parcialmente.

Asimismo, considera que las reformas de las normas presupuestarias en todos los niveles de la Administración y las recientes medidas de consolidación han supuesto un sustancial progreso.

Sin embargo, reclama que se detallen las acciones necesarias para alcanzar el objetivo de déficit para 2014 y las medidas presupuestarias permanentes para estabilizar la deuda pública. El impacto regresivo, si lo tienen, debe ser minimizado para impulsar el consenso social en torno a la necesidad de ajustes.

En este sentido, incide en que las reformas deben ser estrictamente implementadas, especialmente para mejorar las finanzas de los gobiernos regionales, y en que esto debería ser respaldado con un consejo fiscal independiente con un fuerte mandato, como prevé el Gobierno, para evaluar las políticas presupuestarias en todos los niveles de gobierno.

Por otra parte, también recalca que existe más espacio para reformas fiscales que contribuyan a la consolidación presupuestaria, por ejemplo elevando algunos impuestos medioambientales como el del combustible para transporte.

En esta línea, defiende que se aplique el tipo general del IVA a más bienes y servicios, que los incrementos de los impuestos a los valores inmobiliarios sean permanentes y que se reduzca la fiscalidad de las transacciones inmobiliarias. Además, destaca que sería bienvenida una rebaja de las cotizaciones sociales.

En esta línea, también defiende que nuevas reformas de las pensiones mejorarían la sostenibilidad en el largo plazo y propone que se introduzca una formula para indexar las pensiones a los cambios en la esperanza de vida, que ya se contempla aunque sin definir en la reforma de las pensiones, lo antes posible.

El organismo cree que se podría ahorrar en las pensiones de viudedad a futuro, dada la alta participación de las mujeres más jóvenes en el mercado de trabajo, de tal forma que la prestación se concentre en los casos de necesidad.

Mercado laboral

Respecto al desempleo, la organización dirigida por Ángel Gurría señala que ha alcanzado niveles dolorosamente altos, en particular entre los jóvenes con bajos niveles de formación, una situación que requiere una amplia gama de reformas.

Entre ellas, recomienda profundizar en el sistema de formación dual que permita a los jóvenes adquirir experiencia profesional mientras se están formando, así como periodos más extensos para los contratos de formación.

Aunque reconoce que la reforma del mercado laboral aprobada en 2012 ha realizado significativos progresos a la hora de hacer frente a algunas de las debilidades estructurales claves, especialmente en lo referente a la negociación colectiva y la protección del empleo, advierte de que si no resulta eficaz, se deben dar más pasos para reducir la dualidad del mercado laboral avanzando hacia el contrato único.

Un contrato único, con unas indemnizaciones por despido inicialmente bajas pero que aumenten de forma gradual, reduciría las todavía grandes diferencias en los costes por despido entre contratos permanentes y temporales.  La OCDE apuesta por reducir más las indemnizaciones por despido improcedente, de 33 días.

Asimismo, ve necesario acciones rápidas para mejorar la eficacia de los servicios de colocación, al mismo tiempo que reclama más formación y ayuda en la búsqueda de empleo, especialmente para los desempleados jóvenes, así como programas activos para los grupos más vulnerables.

Por otro lado, la OCDE subraya que la negociación colectiva sigue siendo rígida y recomienda la supresión de la ultraactividad en los convenios sectoriales y que las empresas puedan participar en las negociaciones salariales sectoriales.

En lo que se refiere a la protección por desempleo, también reclama controles más efectivos para que los parados que reciben la prestación busquen empleo de forma activa.

Sistema bancario

Otros de los puntos a los que hace referencia la OCDE en su informe es a la crisis financiera, situación a la que debe hacerse frente “con rapidez”. En su opinión, se han hecho progresos reconociendo pérdidas, aspecto clave para recuperar la confianza en el sector bancario, y se han tomado medidas importantes para endurecer la normativa de provisiones en relación con su exposición inmobiliaria.

Sin embargo, la organización considera clave una resolución ordenada de los bancos no viables lo más rápido posible, así como la recapitalización de los bancos viables pero con necesidades de capital, como se acordó a cambio del rescate financiero. Además, reclama que los activos transferidos a la Sareb se hagan a un precio lo suficientemente bajo para limitar los riesgos para las finanzas públicas.

Con todo esto, no veo ninguna solución que no se nos hubiera pasado por la cabeza ya a estudiantes de 21 años, en un pequeño debate de clase. La próxima aportación, más que para rellenar, por favor, que de pautas válidas para llevarlas adelante. Si no, escusad.

 
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Publicado por en noviembre 30, 2012 en Economía

 

The New York Times vuelve a poner el foco en España

Esta vez nuestros queridos amigos se centran en los recientes desahucios y los sintecho. Empiezo a creer que sin España se quedarían sin temas de los que tratar… El caso es que se ven en la necesidad de seguir atizando nuestra imagen y dar a conocer los focos más desalentadores y traumáticos del país, equiparándonos a un país subdesarrollado, sin importar que se trate de casos puntuales (sin ánimo de restarle preocupación e importancia al tema en cuestión, pero no se puede generalizar a que todos los ciudadanos sufrimos esta situación, que es lo que se están empeñando en difamar una y otra vez estos periódicos, carentes en su totalidad de objetibidad, restándonos fiabilidad y confianza necesarias para conseguir inversiones extranjeras, o algo tan importante para nosotros como el turismo).

El diario estadounidense vuelve a retratar el lado más oscuro de la realidad española y de nuevo lo hace con una galería de fotos en blanco y negro. Si hace apenas un mes y medio hablaba de austeridad, hambre y protestas, como ya comente en otro post,la publicación pone el foco ahora en el tema más candente de la actualidad: los desahucios. Y lo hace con un titular elocuente: “La ola de desalojos crea una crisis de sintecho en España”.

The New York Times recuerda el fuerte incremento de las ejecuciones hipotecarias, cientos al día, y que el Gobierno de Mariano Rajoy se ha comprometido con la oposición para afrontar el tema y anunciar medidas de emergencia.

El problema de algunas familias es que ni siquiera tienen un lugar donde ir, ya que los familiaries se encuentran en una situación idéntica.

Por otra parte señala que en España hay dos millones de viviendas vacías y al mismo tiempo un récord de desahucios. Esta situación está provocando que cada vez más personas ocupen estos edificios, especialmente ante la perspectiva de una deuda que les acompañará el resto de sus vidas y un sistema que les impide prácticamente poder ni siquiera acceder a un alquiler.

Y en medio de este fenómeno, muchas veces encuentran la solidaridad de los vecinos, que no denuncian este tipo de ocupaciones, que a veces incluso son de la misma casa de la que han sido desahuciados.

El diario también se hace de los esfuerzos de plataformas como el 15-M, con movilizaciones para paralizar los desalojos, así como del fracaso del código de buena conducta impulsado por el Gobierno hace unos meses.Y como no, de los suicidios que se han producido en los últimos días.

La imagen de España que transmite la prensa internacional no se corresponde con la realidad y  existe un desfase que es necesario cambiar de forma inmediata.

La Marca España, pretende mejorar la proyección económica del país y difundir su nueva realidad política, social y cultural.

La imagen de España

Pero esto no ocurre solo con la prensa estadounidense, repasando los periódicos extranjeros se ve que la imagen de España no es buena en absoluto, y no se corresponde con la realidad.

Esta imagen se refleja en informaciones, publicaciones, fotografías y opiniones, que determinan que las inversiones vengan a España, se compre deuda soberana o que las empresas tengan todas las oportunidades que merecen en el exterior.

Por ello la Marca España es una iniciativa necesaria y oportuna en el mundo globalizado en el que la imagen es un activo de extraordinaria importancia. El Gobierno debe trabajar en todo momento en construir una imagen de España que sirva para atraer ahorros, comprar deuda, atraer empresas y empleo y favorecer la internacionalización.

También la Corona, con este fin, se implica en promocionar la imagen de España en el exterior en colaboración con los empresarios con el objetivo de crear empleo y riqueza, así como las tareas de formación, educación y preservación del medio ambiente, “muchas veces desconocidas para los españoles”.

En materia económica y en un momento decisivo para el país la Marca España no ha sido suficientemente valorada.

Todas estas publicaciones solo manifiestan un profundo desconocimiento de España.

de todas formas, no nos darán una tregua, es más, aprobecharán cualquier mínima oportunidad para seguir desviando la atención de los problemas que tienen en su propio país, intentando minimizarlos con artículos carentes de objetibidad, poniendo a España como algo que NO es. Si cogiéramos una cámara y nos diéramos una vuelta por Estados Unidos, sobre todo por ciertos distritos, conseguiríamos grandes reportajes fotográficos que harían parecer al todopoderoso Estados Unidos como lo más indeseable en este mundo. Pero en fin, lo importante es vender, ¿no?

 
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Publicado por en noviembre 29, 2012 en Economía

 

El catalán “universal”

Increible lo absurdos que pueden llegar a ser algunos… Con las recientes elecciones catalanas de fondo, mientras en el Congreso mantienen su empeño de conservar la traducción a las lenguas cooficiales de la cámara del Senado, y rechazan la propuesta de suprimir el gasto de 350.000 euros que conlleva, como pedía UPyD, la Generalitat catalana, con Artur Mas al frente, se afana en hacer del catalán una lengua universal hasta para los negocios.

La historia del contrato que llevó cuatro meses traducir… y cómo se hizo:

Julio de 2012: Una multinacional con negocios en España y sede local en Madrid culmina varios meses de negociaciones con una institución dependiente de la Generalitat catalana, por la que se le adjudica un contrato. La confirmación llega por carta y redactada en catalán:

 

Días después: La empresa requiere a la institución para que le envíe la carta y las decenas de folios del contrato con las condiciones de pago, cláusulas y demás especificaciones en español.

Contestación: “No hay”. Desde la institución insisten en que no cuentan con una copia traducida.

Septiembre de 2012: Ante la falta de respuesta satisfactoria, la empresa insiste en que al tratarse de una compañía multinacional hay normas que exigen no firmar documentos con cláusulas que no estén en el idioma del país de que se trate (español) o en último caso, en inglés.

Octubre de 2012: Finalmente, el documento llega a destino traducido a la lengua de Shakespeare:

 

 

Conclusión: Cuatro meses de tira y afloja para acabar firmando un contrato entre una entidad catalana y una empresa radicada en Madrid… en inglés. ¡Para hacérselo mirar!

 
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Publicado por en noviembre 27, 2012 en Economía

 

¿Rescatan los rescates?

Pocas veces hubo un abismo interno tan claro. El mundo financiero español, muchas grandes empresas, y el grueso de la academia reclaman con urgencia el rescate para eliminar incertidumbres. La calle se encrespa sólo con oír ese vocablo, pues lo asocia a nuevos ajustes y recortes injustos contra el (ex) bienestar de los de siempre. Y en medio, el Gobierno bracea por llegar a fin de año y luego ver qué pasa.

Así que aprovechemos la situación en la que nos encontramos de duda ante los rescates para preguntarnos: ¿Rescatan a los países con deuda los rescates europeos con la contrapartida de severos programas de austeridad?

De momento, la evidencia dice que no. Ni Grecia (2 de mayo de 2010), ni Irlanda (28 de noviembre) ni Portugal (16 de mayo de 2011) logran el objetivo clave del rescate: sanear sus finanzas públicas —reducir el déficit público— a un cierto nivel en un plazo prefijado, en la senda del 3%. Portugal no cumplirá aún el 4,5% de déficit este año, sino que rozará el 6%: ya le han alargado ese año de plazo. Grecia tampoco llegará al 4,5%, sino al 5,2% en 2013: la próxima reunión del Eurogrupo le concederá dos años adicionales. Y el caso de Irlanda se está revisando para suavizar el brutal impacto del coste de su reconversión bancaria, equivalente al ¡45%! de su PIB.

No sólo no redujeron el déficit en la dosis prevista, sino que agravaron su recesión (salvo en Irlanda, que durante 2011 se recuperó, pero vamos a ver qué ocurre este año), aumentaron su deuda y dispararon su desempleo. Y redujeron abrupta y simultáneamente muchas prestaciones sociales del Estado de Bienestar. Las crónicas diarias de Lisboa, Atenas o Bruselas excusan más detalles.

La razón del fiasco es la crueldad con que se diseñó la primera generación de rescates (tipos de interés de los préstamos, excesivos; plazos de amortización, escasos). Acompañada de un optimismo ciego que preveía escaso perjuicio sobre el crecimiento de la reducción del gasto.

Y sin embargo, es justo subrayar algo que se olvida. No todo el esfuerzo se ha enterrado en el sumidero. Ha producido algunos resultados. ¿Cuáles?

Por ejemplo, los rescatados han recuperado, intermitente y débilmente, algún acceso al mercado internacional para financiarse. Portugal emitió bonos a diez años el 21 de agosto al 9,254%: un tipo excesivo, sí, pero inferior al 17,39% de vísperas del rescate. Grecia emitió letras a tres meses el 18 de septiembre, al 4,31%. Irlanda, lo mismo, el 5 de julio, al 1,8% (medio punto menos que España la semana anterior). Y los bonos irlandeses a nueve años cayeron seis puntos desde octubre de 2010 al pasado septiembre.

Lo más heroico ha sido la reducción del déficit primario griego: unos ocho puntos desde iniciada la crisis, hasta bordear el superávit. Lo que significa que si los griegos no tuvieran que cargar con la carga de la deuda, cumplirían de sobra sus compromisos.

Una visión muy interesante es la del jefe del Fondo de Rescate Europeo, Klaus Regling. Es una fuente oficial —por supuesto interesada—, pero sólida. En unos interesantes gráficos presentados a las jornadas de Cernobbio, Regling ilustraba cómo los cinco países periféricos de la eurozona sometidos a turbulencias (los tres rescatados, más España e Italia) exhiben curvas positivas en cuatro criterios básicos.

A saber: el desequilibrio presupuestario, el déficit fiscal ajustado cíclicamente, la balanza por cuenta corriente y los costes laborales unitarios.

Naturalmente que eso es insuficiente, sobre todo si se contrasta con la factura social y la fisura democrática de las actuales políticas de ajuste. Pero si arrojan algunos resultados positivos, aunque sean diseminados y asmáticos, quiere decirse que con una planilla distinta, un calendario diferente, una inyección de recursos compensatoria que estimulase su demanda, las cosas irían mucho mejor. Es decir, una política de prudencia moderada y atenta al crecimiento quizá triunfaría donde fracasa la austeridad extrema.

 
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Publicado por en noviembre 20, 2012 en Economía

 

¿No hay alternativa?

Como se ha publicado esta semana Europa ha entrado desde este jueves en una nueva recesión… ya es la segunda tras la de 2009. La austeridad aplicada en la mayor parte de los países miembros tiene gran parte de culpa. Este hecho demuestra que Europa no encuentra el equilibrio entre disciplina fiscal y crecimiento.

El rigor es necesario, siempre que no se convierta en rígor mortis. Los números, empiezan a demostrar lo que hasta ahora ha sido una especie de secreto a voces: Europa no ha sabido encontrar un equilibrio entre disciplina fiscal y crecimiento. La política económica de inspiración alemana ha llevado a demasiados países a poner en marcha políticas presupuestarias demasiado contractivas al mismo tiempo. Ha obligado incluso a consagrar ese dogma de fe (los déficit están prohibidos; cualquier pecado al respecto conlleva una dura penitencia) en las constituciones y en los tratados, a pesar de que parecía claro que la salida de esta crisis no pasa por gestionar igual la zona euro de punta a cabo. Cada país es diferente y no sirve la misma política para todos. El éxito en uno, puede ser un fracaso estrepitoso en otro. Parece que a los líderes europeos aún les cuesta entender esto.

Las políticas keynesianas permitieron evitar una segunda Gran Depresión: pero fue un error recetar keynesianismo en todas partes, al mismo tiempo, y con la misma dosis sin tener en cuenta las condiciones de cada país. La zona euro se ha pasado ahora justo por el otro extremo: habría que permitir pisar el acelerador o el freno con el gasto público en función de las condiciones de cada economía, pero en cambio se ha impuesto una política de talla única —y lo que es más grave: se ha dado a entender que no había alternativa— y ahora solo se permite pisar el freno.

El impulso que quiso dar en su día el presidente francés François Hollande a las políticas de crecimiento no se ha visto por ningún lado. Los países con margen de maniobra, como Alemania, se desviven por no gastar un euro más de lo que debieran. En esas condiciones, la Europa del Sur, en la que nos encontramos, que ha aplicado políticas de austeridad a rajatabla, se desangra por esa mecánica rudimentaria de las políticas fiscales aplicadas con mano de hierro por las presiones de Bruselas, Fráncfort y Berlín (aunque quizás el orden debería ser el inverso).

Las protestas de los últimos días son solo el principio: los sociólogos explican que el “silencio de las víctimas” se acabará en breve. Las sociedades pueden resistir devaluaciones internas como las de ahora siempre que vean un horizonte de salida; de lo contrario, el jaleo está asegurado con experimentos sociales como el de Portugal, que llegó a bajar salarios para darle ese margen a sus empresas, algo que al final fue rechazado, y experimentos económicos como el de España, que se ha visto obligada a subir el IVA en plena recesión. “Desde un punto de vista abstracto siempre se puede atender una deuda. Pero hay un umbral político, social, moral incluso más allá del cual esa política se hace inaceptable”, escribió Jack Boorman, del FMI, hace unos años. (Paradójicamente, el FMI parece últimamente la única institución que recuerda este tipo de cosas; quizá por eso Berlín se ha enfrentado abiertamente al Fondo en las últimas semanas en temas como el de Grecia, pero esa es otra historia).

Europa ha entrado en un nuevo mundo prácticamente sin tener conciencia de ello. El fantasma de un Gobierno ausente (Comisión, Consejo y Eurogrupo no han podido eliminar la sensación de que ese viraje está comandado por Alemania, y Francia aún no acierta a decir esta boca es mía porque atraviesa una grave situación económica que aún no ha emergido completamente) y la falta de un dispositivo de seguridad en la eurozona han acabado pariendo un modelo de gobernanza discutible.

La Comisión no cambia de discurso pese a que las orejas del lobo de la recesión ya han aparecido, en parte por el sobreajuste en la periferia, que no se ha compensado con políticas de crecimiento donde ese tipo de alegrías eran posibles. Con la esperanza de tranquilizar a los mercados, Europa ha presionado para recortar los déficit públicos y se ha olvidado del crecimiento y de graduar el ajuste. La consolidación fiscal se convierte así en una chaqueta de fuerza. Y Europa es incapaz de desembarazarse de ella: el dogma sigue ahí a pesar de que los números decretan recesión y pesimismo. Con la boca pequeña, varias fuentes de Bruselas apuntan a que quizá haya que esperar a que la recesión llegue a Alemania y la crisis de la deuda a Francia para empezar a ver, de veras, dinero sobre la mesa, y no solo vehículos financieros, mecanismos y demás complicadísimos sistemas de resolución de crisis.

En medio de este desaguisado, las izquierdas siguen vagando por Bruselas como fantasmas, y es Berlín quien está al volante prácticamente en solitario. Esta crisis tenía que dejar atrás los dos grandes axiomas de los últimos años: la racionalidad de los mercados (que durante una década se equivocaron de medio a medio asignando el mismo riesgo a Grecia, a España y a Alemania) y “la perversión de la política”, que tenía que dejar paso a una nueva forma de gestionar después de la tormenta que al cabo no termina de aparecer.

Todo sigue igual: Europa sigue anclada en un intermedio en el que el nuevo orden no acaba de llegar y el antiguo régimen se resiste a desaparecer. No hay cambio de política económica a pesar de que los errores de diagnóstico y de prescripción se demuestran un dato tras otro. A pesar del martillo de Eurostat, no se detectan grandes virajes a la vista. No va a haber un presupuesto europeo capaz de hacer políticas anticíclicas cuando sea necesario. No parece que vaya a haber una unión bancaria lo suficientemente potente como para paliar los errores de diseño del euro. Ni siquiera con las minucias Europa tiene la grandeza suficiente como para reconocer los errores: Grecia vuelve a estar a los pies de los caballos tras el fracaso del Eurogrupo de esta semana.

Nuestro caso, el de España, es otro caso de libro de que las cosas no funcionan y aún así nada cambia. El comisario de Asuntos Económicos, Olli Rehn, aseguró ayer que Madrid no deberá acometer nuevos recortes para corregir los más que probables desvíos en la meta de déficit en 2012 y 2013. Y sin embargo, sería un error interpretar eso como un final para la austeridad; habrá necesidad de tomar nuevas medidas de austeridad adicionales en 2014, lo que supone que la disciplina fiscal va a continuar durante la recesión. Eso es una suerte de condena: lo que están deletreando desde hace meses los dichosos mercados no es “recorte usted el déficit” sino “asegúrese de que va a volver el crecimiento”. Con más y más recortes, con subidas fiscales adicionales, en ausencia de verdaderas ayudas y de políticas de crecimiento en el Norte, la salida del túnel que parece ver algún ministro conduce en el Sur de Europa directamente al mar.

Ante todo esto yo me pregunto: ¿qué alternativa nos queda? Si es que hay alguna…

 
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Publicado por en noviembre 17, 2012 en Economía