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Y llega el turno de las agencias de calificación…

11 Oct

Poco a poco, se va complicando cada vez más la situación de España. Tras estos últimos días en los que la imagen de España ha sido duramente criticada y dañada desde el exterior, llega el turno de las agencias de calificación, en parte, influidas por esta imagen que se ha transmitido.

La agencia de calificación crediticia Standard & Poor’s ha rebajado la nota de la deuda soberana española dos escalones, hasta situarla en ‘BBB-‘, al borde del nivel conocido como ‘bono basura’.

Y os preguntareis: ¿cuáles han sido los motivos de esta decisión?

Pues bien, por un lado, Standard & Poor’s advierte que España encara importantes riesgos en materia de crecimiento y ejecución presupuestaria, al tiempo que avisa de la ausencia de una dirección clara en la política de la eurozona. En este sentido, vislumbra dudas en algunos miembros del bloque para asumir parte del coste de la recapitalización bancaria, lo que termina siendo un factor desestabilizador.

Bien, ¿a qué se refiere con esto? Ni más ni menos que a la carta que Alemania, Holanda y Finlandia decidieron publicar alegremente hace dos semanas diciendo que el MEDE no iba a asumir las pérdidas del saneamiento de la banca española. Esto demuestra que el mensaje tripartito, no era inocuo y que efectivamente, sí ha tenido un impacto negativo: nos ha acercado, un poco más si cabe, al bono basura. Por si no tuviéramos suficiente ya.

Para poneros en situación: los países de la UE acordaron “romper el círculo vicioso entre deuda y Estado” permitiendo al MEDE recapitalizar directamente la banca. El Eurogrupo, la Comisión Europea y el propio MEDE reconocieron que esto obligaría al fondo de rescate a asumir las pérdidas derivadas de ese rescate. Pero la carta que envió el tridente triple A dinamitó todo este escenario y ha devuelto la incertidumbre sobre si España tendrá que asumir estos costes.

Por otra parte, la agencia ha apuntado al aumento del desempleo y las restricciones del gasto como potenciales focos de tensión social y como elemento de fricción entre el Gobierno central y las autonomías. La cercanía de varias elecciones autonómicas y las dificultades financieras que atraviesan varias regiones hacen aumentar las tensiones, y que por tanto, los resultados de las políticas económicas y fiscales se diluyan.

Las imágenes de las protestas y el descontento social (15M, 25S y demás), así como las tensiones entre regiones, como Cataluña, y gobierno central, en relación a indepentismos, no han hecho más que empeorar la situación.

La rebaja de Standard & Poor’s se adelanta a la que planea anunciar este mes la agencia Moody’s, que hasta ahora mantiene una nota para España de ‘Baa3’, también al borde del bono basura. Por su parte, Fitch califica la deuda española a largo plazo con ‘BBB’, a dos escalones del nivel considerado crítico.

Así es, todavía nos queda la calificación de Moody´s, que hasta hace poco era la que más preocupaba… Y por si hay alguna duda, no será mejor que la de S&P. Mientras habrá que ver si el Ibex es capaz de aguantar estas envestidas o acabará pagando las consecuencias de estas calificaciones… Yo creo que el rescate no se va a poder posponer mucho más, tarde o temprano llegará. Más que nada nos están obligando a ello. Diría que tan solo queda saber fecha y condiciones.

Si la calificadora se decanta por una nueva rebaja, la deuda soberana se convertiría en bono basura, un apelativo que se traduciría en un duro golpe para la capacidad de España para financiarse en los mercados.

Asimismo, este cambio de rating supondría que un número considerable de gestoras de fondos dejarían de incluir deuda soberana española en sus carteras, debido precisamente a la exigencia, lo que provocaría una fuga de capital desde productos de inversión como fondos o planes de pensiones que tengan papel español en su cartera. Esto, en última instancia, repercutiría en un incremento de los intereses que se exige al Estado por colocar su deuda.

De hecho, JP Morgan advierte que una rebaja a España por parte de Moody´s será el catalizador del rescate, que empujará a España a pedir ayuda.

A pesar de ello, no hay mal que por bien no venga, puesto que los expertos de JP Morgan aseguran que si finalmente España fuera rescatada y se permitiera actuar al Banco Central Europeo, el impacto en los mercados de riesgo sería “alcista”. ¿Será así? No creo que tardemos mucho más en comprobarlo. Me acordaré de ellos cuando llegue el momento.

A todo esto, el Gobierno se muestra “sorprendido” por la rebaja de la nota a España de S&P y no están de acuerdo con este cambio de calificación.

Ante los motivos que he citado anteriormente que han llevado a  S&P a tomar esta decisión, Jiménez Latorre ha mostrado su oposición a la percepción sobre el conflicto social derivado de las tensiones con las comunidades autónomas porque eso no va a incidir en la voluntad de continuar con las reformas y el control de las cuentas públicas.

Además, ha mostrado su deseo de que tan pronto se confirmen que los mecanismos de decisión de la UE funcionan de forma adecuada y la consolidación fiscal se vaya cumpliendo en todas las administraciones, la agencia pueda reconsiderar la calidad de la deuda pública española.

Preguntado por la posibilidad de que otras agencias de rating bajen la nota a España, el secretario de Estado ha reconocido que “es algo que preocupa” al Gobierno.

Menos mal que les preocupa. Pero, ¿hasta qué punto deberían ser consideradas y tenidas en cuenta estas agencias? Creo que perjudican más que ayudan. Ya puestos a calificar, cambiemos los papeles por unos instantes y evaluemos su gran profesionalidad y acierto en el pasado.

Desde luego, las agencias de calificación —esencialmente Moody’s, Standard and Poor’s y Fitch— han desempeñado un pésimo papel durante esta crisis. Tras conceder el máximo rating a numerosas hipotecas subprime.

Este fracaso global se debe a que son los emisores de deuda quienes pagan a las agencias de rating por sus servicios, un sistema con el que se favorece el soborno y la corrupción. Por ello, en mi opinión, el modo de combatir este problema, es contar con menos regulación, es decir, que no sea cosa de unas pocas agencias.

¿Por qué? A ver si puedo convenceros con esto:

Hasta 1970, las agencias de calificación prestaban sus servicios a los inversores y no, como ahora, a los deudores.

En el primer modelo, el fracaso era necesariamente penalizado: si sus previsiones no se cumplían y el inversor perdía dinero, la reputación de esas agencias caía. En el segundo modelo, el fracaso resulta irrelevante, ya que en última instancia, las agencias son un cartel que expide licencias para emitir deuda. Los deudores han de pasar por ellas, sean de utilidad o no.

Sólo rompiendo este cartel oligopolístico el mercado logrará disciplinar a las agencias de calificación: premiando a las que adopten modelos de valoración realistas y de calidad y penalizando a las que concedan ratings absurdos.

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Publicado por en octubre 11, 2012 en Economía

 

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